Eucaristía y reconciliación

 

EUCARISTÍA

40 HORAS

CONFESIONES

 

EUCARISTÍA

Laborables. 10:00 y 19:30 h.

Domingos y festivos. 11:00 y 19:30 h.

 

 

"La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana. En ella alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la celebración eucarística nos unimos a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna". (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 274).

 

40 HORAS

Tercer jueves de mes a las 18:30

 

La institución de la fiesta del Corpus Christi en Lieja en 1246, extendida por el papa Urbano IV a toda la iglesia en 1264, contribuyó a popularizar y extender la devoción eucarística. La procesión del Corpus se convirtió en un rito propio con caracteres de manifestación pública de la fe católica y de homenaje a la eucaristía.

De la procesión del Corpus y de la bendición final con el santísimo sacramento parece que derivó también la costumbre de la exposición prolongada de éste sobre el altar. Los testimonios de esta manifestación cultural se remontan al s. XIV. Para realizar esta exposición se adaptaron relicarios con forma de ostensorios y, sobre todo en la época del barroco, se construyeron grandes retablos y espléndidas custodias. Una exposición eucarística que alcanzó gran importancia fue la llamada de las Cuarenta Horas, que surge a mediados del s. XVI, probablemente como repetición de la adoración eucarística del jueves al viernes santo, y que tenía lugar, dicha repetición, varias veces al año en templos especialmente dedicados.

 

CONFESIONES

Antes de todas las misas. En caso de necesidad, pregunte en la sacristía.

"Los efectos del sacramento de la Penitencia son: la Reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la Reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido; la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu, y el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano". (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 310)

 

 

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